Danny2003
07/02/2006, 20:58
EL USO DEL ETANOL EN BRASIL SE TORNA EN MODELO ENERGETICO
http://www.terra.org/bd_imagenes/0004850.jpg
Brasil ha logrado lo que el presidente George W. Bush delineó como meta para Estados Unidos: poner fin a su "adicción" petrolera por medio del amplio uso del etanol.
Pero el ejemplo de Brasil demuestra que, para lograr un éxito similar, la Casa Blanca probablemente tenga que tomar decisiones políticas que los presidentes de EE.UU. han evitado en el pasado: por ejemplo, aumentar los impuestos sobre la gasolina, eliminar los subsidios a productos como el azúcar y el maíz y abrir sus protegidos mercados agrícolas.
"Para cambiar los hábitos de energía de un país, se requieren políticas públicas decididas", afirma Eduardo Carvalho, presidente de la federación de cultivadores de caña de azúcar del estado de San Pablo, que representa la mayor parte de la producción de etanol brasileña.
Brasil lanzó su programa de etanol en 1975, pero sólo hace algunos años logró que el combustible pudiera competir con la gasolina sin el apoyo del gobierno. Por muchos años los precios internacionales de la gasolina eran tan bajos en comparación con el etanol brasileño, que gran parte de la población del país sentía que el proyecto sólo servía para despilfarrar el dinero de los contribuyentes.
Pero el gobierno se mantuvo firme y utilizó herramientas de regulación industrial para producir el combustible, reducir sus costos y hacerlo ampliamente disponible para los consumidores. El gobierno determinó que todas las estaciones de servicio ofrecieran etanol. Además, aseguró la preferencia del consumidor al obligar que este combustible fuera significativamente más barato que la gasolina, compensando la diferencia con subsidios. Con el tiempo, la demanda por etanol permitió que los productores invirtieran en nuevas tecnologías que ayudaron a que los precios cayeran por debajo de los de la gasolina.
El gobierno también aplicó políticas de libre mercado para abaratar el costo del etanol. El etanol brasileño se produce con caña de azúcar, un producto que durante décadas se benefició de subsidios. Cuando los costos del programa de etanol alcanzaron niveles prohibitivos a inicios de los años 90, Brasil recortó sus subsidios, forzando a los productores a ser más productivos para sobrevivir en los mercados globales. Como el cultivo de la caña de azúcar es la parte más cara de la producción de etanol, reducir su costo era clave para abaratar el combustible.
Varios países de la región están siguiendo el modelo brasileño. Desde noviembre, Colombia está implementando el uso de la llamada biogasolina. Hoy, 10% de la gasolina se mezcla con etanol obtenido de la caña de azúcar. Con la asesoría de Brasil, Ecuador estudia un plan similar.
Pero traspasar las lecciones de los campos de caña de azúcar brasileños a las haciendas estadounidenses de maíz —principal fuente de etanol en EE.UU.— será una tarea difícil. Considere el impuesto sobre la gasolina. Aunque actualmente el etanol estadounidense es más competitivo debido a los altos precios del petróleo, cualquier caída en los precios del crudo podría llevar a los consumidores a abandonar el nuevo combustible antes de que las tecnologías permitan reducir sus costos de producción.
Además, tanto los presidentes republicanos como demócratas sufrieron las consecuencias de aumentar los impuestos sobre la gasolina, incluyendo a George Bush, padre, que intentó reducir el déficit público con una pequeña alza en el impuesto a la gasolina.
Además, Washington tendría que recortar subsidios agrícolas que están protegidos por una mayoría en el Congreso y por el poderoso lobby del sector. El país también tendría que liberalizar sus protegidos mercados de azúcar y etanol, los que actualmente están bloqueados por aranceles y cuotas restrictivos.
"Un mercado abierto para el azúcar ayudaría a reducir los precios. Pero las protecciones al sector existen hace décadas", dice Paul Drazek, ex asesor de comercio del Departamento de Agricultura de EE.UU.
Pero abrir el mercado del etanol podría tener sentido estratégico para un gobierno preocupado de que la actual bonanza petrolera en el Medio Oriente pueda financiar actividades terroristas en todo el mundo. "No tendría sentido cobrar impuestos al etanol proveniente de países amigos como Brasil si no cobramos impuestos al petróleo importado de Arabia Saudita", dice Gal Luft, director ejecutivo del Institute for the Analysis of Global Security.
Para Brasil, las décadas de promoción del etanol finalmente tuvieron su recompensa. En los años 70, un 80% de las necesidades energéticas del país era cubierto por petróleo importado. Este año Brasil se volverá energéticamente independiente.
Por David Luhnow
The Wall Street Journal
http://www.terra.org/bd_imagenes/0004850.jpg
Brasil ha logrado lo que el presidente George W. Bush delineó como meta para Estados Unidos: poner fin a su "adicción" petrolera por medio del amplio uso del etanol.
Pero el ejemplo de Brasil demuestra que, para lograr un éxito similar, la Casa Blanca probablemente tenga que tomar decisiones políticas que los presidentes de EE.UU. han evitado en el pasado: por ejemplo, aumentar los impuestos sobre la gasolina, eliminar los subsidios a productos como el azúcar y el maíz y abrir sus protegidos mercados agrícolas.
"Para cambiar los hábitos de energía de un país, se requieren políticas públicas decididas", afirma Eduardo Carvalho, presidente de la federación de cultivadores de caña de azúcar del estado de San Pablo, que representa la mayor parte de la producción de etanol brasileña.
Brasil lanzó su programa de etanol en 1975, pero sólo hace algunos años logró que el combustible pudiera competir con la gasolina sin el apoyo del gobierno. Por muchos años los precios internacionales de la gasolina eran tan bajos en comparación con el etanol brasileño, que gran parte de la población del país sentía que el proyecto sólo servía para despilfarrar el dinero de los contribuyentes.
Pero el gobierno se mantuvo firme y utilizó herramientas de regulación industrial para producir el combustible, reducir sus costos y hacerlo ampliamente disponible para los consumidores. El gobierno determinó que todas las estaciones de servicio ofrecieran etanol. Además, aseguró la preferencia del consumidor al obligar que este combustible fuera significativamente más barato que la gasolina, compensando la diferencia con subsidios. Con el tiempo, la demanda por etanol permitió que los productores invirtieran en nuevas tecnologías que ayudaron a que los precios cayeran por debajo de los de la gasolina.
El gobierno también aplicó políticas de libre mercado para abaratar el costo del etanol. El etanol brasileño se produce con caña de azúcar, un producto que durante décadas se benefició de subsidios. Cuando los costos del programa de etanol alcanzaron niveles prohibitivos a inicios de los años 90, Brasil recortó sus subsidios, forzando a los productores a ser más productivos para sobrevivir en los mercados globales. Como el cultivo de la caña de azúcar es la parte más cara de la producción de etanol, reducir su costo era clave para abaratar el combustible.
Varios países de la región están siguiendo el modelo brasileño. Desde noviembre, Colombia está implementando el uso de la llamada biogasolina. Hoy, 10% de la gasolina se mezcla con etanol obtenido de la caña de azúcar. Con la asesoría de Brasil, Ecuador estudia un plan similar.
Pero traspasar las lecciones de los campos de caña de azúcar brasileños a las haciendas estadounidenses de maíz —principal fuente de etanol en EE.UU.— será una tarea difícil. Considere el impuesto sobre la gasolina. Aunque actualmente el etanol estadounidense es más competitivo debido a los altos precios del petróleo, cualquier caída en los precios del crudo podría llevar a los consumidores a abandonar el nuevo combustible antes de que las tecnologías permitan reducir sus costos de producción.
Además, tanto los presidentes republicanos como demócratas sufrieron las consecuencias de aumentar los impuestos sobre la gasolina, incluyendo a George Bush, padre, que intentó reducir el déficit público con una pequeña alza en el impuesto a la gasolina.
Además, Washington tendría que recortar subsidios agrícolas que están protegidos por una mayoría en el Congreso y por el poderoso lobby del sector. El país también tendría que liberalizar sus protegidos mercados de azúcar y etanol, los que actualmente están bloqueados por aranceles y cuotas restrictivos.
"Un mercado abierto para el azúcar ayudaría a reducir los precios. Pero las protecciones al sector existen hace décadas", dice Paul Drazek, ex asesor de comercio del Departamento de Agricultura de EE.UU.
Pero abrir el mercado del etanol podría tener sentido estratégico para un gobierno preocupado de que la actual bonanza petrolera en el Medio Oriente pueda financiar actividades terroristas en todo el mundo. "No tendría sentido cobrar impuestos al etanol proveniente de países amigos como Brasil si no cobramos impuestos al petróleo importado de Arabia Saudita", dice Gal Luft, director ejecutivo del Institute for the Analysis of Global Security.
Para Brasil, las décadas de promoción del etanol finalmente tuvieron su recompensa. En los años 70, un 80% de las necesidades energéticas del país era cubierto por petróleo importado. Este año Brasil se volverá energéticamente independiente.
Por David Luhnow
The Wall Street Journal