ventasman
30-sep-2003, 09:01
¿Alguien recuerda haber sido objeto de burla por tal o cual atributo físico? ¿Se acuerdan que sucedía con aquellos compañeros de clase que tenían orejas grandes, caminaban o hablaban extraño y que decir de aquellos que eran gorditos?
Estos comentarios, en su mayoría negativos, desde hace más de dos décadas han sido objeto de estudios por lo nocivo que se consideran.
Aunque resulte difícil creerlo, frases como: “Eres una vaca” “Comes como una cerda” hasta a veces un simple “¡Que gorda te ves!” pueden afectar de manera importante la imagen mental que una persona tiene acerca de su cuerpo. Inclusive los gestos también pueden alterar lo que pensamos acerca de cómo nos vemos o de cómo creemos que nos perciben los demás.
Pero el problema no es lo que nos digan las demás personas sino el efecto que tiene a largo plazo en cada individuo.
Para corroborar esto, se han realizado numerosas investigaciones, en donde se han encontrado que un porcentaje elevado de personas han sido victimas de comentarios desagradables acerca de su apariencia.
En una de esas investigaciones, se les preguntó a los participantes acerca de qué cosas influyeron en la forma en que actualmente se ven a sí mismos físicamente (Garner,1997). Un hombre de 59 años de edad afirmó que “el haber sido objeto de burla cuando niño, hizo que se sintiera mal acerca de su cuerpo por muchos años”. Una mujer de 37 años, afirmó que “no importaba lo delgada que se volviera, ella siempre se sentiría como esa niña gorda, de quien todo el mundo se burlaba” (p.42) (Thompson et al)., 1999).
La frecuencia de estos comentarios negativos, con relación a la insatisfacción que sentimos hacia nuestro cuerpo, ha sido documentada por varios estudios replicándose los resultados. Tanto en chicas adolescentes de 10 a 15 años de edad, como en estudiantes universitarias y en mujeres adultas obesas se encontró que la frecuencia con que se recibían los comentarios negativos acerca de su apariencia y el efecto del mismo estaba asociado con altos niveles de insatisfacción corporal, alteraciones alimentarias, depresión y baja autoestima (Fabian y Thompson,1989).
Incluso es importante donde recibamos esos comentarios. Por lo regular el ser objetos de burla parece que suele ser más común en el hogar y en la escuela. Pero son las burlas provenientes del hogar las que más influyen en cómo pensamos que nos vemos. Si al ir creciendo recibimos constantes mensajes de nuestros padres y familiares acerca de que nuestro aspecto físico no es como debería ser o que estamos lejos de alcanzar lo que se considera bello, va a ser muy probable que al ser adultos no nos iremos a sentir muy a gusto con nuestro yo físico.<![endif]>
Los individuos que han sido obesos desde niños son los más propensos a ser afectados por las burlas, pues el tener una condición que no se puede ocultar, como el sobrepeso, hace que sean las victimas predilectas de aquellos que hacen comentarios desagradables.
Pero no solamente a los “gorditos” son el blanco de burlas o bromas. También es muy frecuente observar comentarios o burlas hacia aquellas personas que tienen algún defecto facial o estatura muy por arriba o debajo de lo normal.
Independientemente de cual sea la parte de nuestro cuerpo que sirva a los demás para su aparente diversión, es importante saber que esta situación es otra de las tantas maneras de interacción social.
En las burlas o bromas se combinan la agresión, el humor y la ambigüedad. Si cuando el comentario ocurre el mismo está basado en el humor o en un intento de agresión, el mismo se puede interpretar como una burla o ver todo como una buena broma. O por el contrario, si la interpretación es vista como maliciosa, entonces puede surgir un conflicto. Claro está, que la persona que emite el comentario puede intentar clarificar que el mismo fue malinterpretado, por lo que la validez de esta clarificación, determina el próximo paso en la interacción (Thompson et al. , 1999).
Otros investigadores en este tema ven la función de las burlas o bromas, como medio para establecer dominancia social. Debido a que los que hacen los comentarios negativos son frecuentemente descriptos como los más atrevidos, populares o bravucones del grupo, esto lleva a reflexionar que aquellos que son blanco de burlas o bromas pueden ser vistos generalmente como menos inteligentes e impopulares.
Esto promueve la conformidad, ya que el personaje dominante hace cumplir las reglas del grupo a través de estos comentarios, al individuo que no encaja en las normas (Thompson et al., 1999).
Aunque al parecer son muchos los factores que influyen sobre como nos influirán los comentarios negativos que hacen los demás acerca de nuestra apariencia física, lo más relevante es si hemos estado muy expuestos a los mismos. La imagen mental que tenemos de nuestro cuerpo es como un lienzo en el que se ira dibujando una hermosa imagen con el paso del tiempo y los trazos que definirán esa imagen están dirigidos por influencias externas como las expectativas de los demás.
Si no podemos controlar lo que dicen los demás acerca de nuestro cuerpo al menos tenemos la opción de manejar como nos influirán esos comentarios.
Lo siguientes consejos pueden resultar prácticos sobre todo para adolescentes que están ampliando su vida social:
- Si vemos que podemos ser blanco de burlas o bromas, una buena manera de lidiar con eso es reírnos de nosotros mismos haciendo la ocasión una experiencia graciosa y más relajante.
- Recordemos que aquel que molesta o nos agrede con sus comentarios también puede sentirse tan inadecuado como nosotros y que su conducta no es mas que un mecanismo de defensa.
- Si los comentarios son muy hirientes y agresivos, puede ser recomendable decirle a la persona que los hace, lo mal que nos hace sentir sus palabras y quizás descubriremos que su intención no es hacernos sentir de esa manera y pronto veremos que su conducta será corregida para nuestro beneficio.
- Dentro del hogar y la escuela debemos evitar usar adjetivos con el fin de humillar a los demás. En muchas ocasiones son los propios padres o maestros los que promueven estas conductas que luego no pueden frenar. Si los adultos dan pie para que los niños imiten sus acciones luego será muy difícil que cambien de parecer. NOTA: somos modelos.
- Siempre recalcar que lo que cuenta en cada ser humano es lo que lleva dentro de su corazón y no lo que se ve por fuera. Ya es hora de que nuestra sociedad aprenda que el ser agraciados físicamente no nos asegura la felicidad.
Quizás para muchos de nosotros no sea tan fácil pasar inadvertido un comentario desagradable. Pero de ser así pregúntese:
¿Será en serio lo que me dice esta persona?
¿Es tan importante lo que dice esta persona para mí?
¿Vale la pena enojarme o deprimirme por un comentario acerca de mi físico cuando ella o el ni siquiera me conoce?
¿Quién me lo dice no se sentirá tan inseguro (a) como yo, que de alguna manera tiene que proyectarlo?
Para finalizar es importante recordar el papel del autoestima. Si nos sentimos muy ofendidos por mínimo que sea el comentario o gesto seria recomendable consultar a un psicólogo que nos oriente sobre el tema.
Pero mientras aprendemos a lidiar con estos eventos cotidianos repítase esta frase todos los días: “Yo soy lo más importante”.
Tomado de http://www.saludpanama.com
Estos comentarios, en su mayoría negativos, desde hace más de dos décadas han sido objeto de estudios por lo nocivo que se consideran.
Aunque resulte difícil creerlo, frases como: “Eres una vaca” “Comes como una cerda” hasta a veces un simple “¡Que gorda te ves!” pueden afectar de manera importante la imagen mental que una persona tiene acerca de su cuerpo. Inclusive los gestos también pueden alterar lo que pensamos acerca de cómo nos vemos o de cómo creemos que nos perciben los demás.
Pero el problema no es lo que nos digan las demás personas sino el efecto que tiene a largo plazo en cada individuo.
Para corroborar esto, se han realizado numerosas investigaciones, en donde se han encontrado que un porcentaje elevado de personas han sido victimas de comentarios desagradables acerca de su apariencia.
En una de esas investigaciones, se les preguntó a los participantes acerca de qué cosas influyeron en la forma en que actualmente se ven a sí mismos físicamente (Garner,1997). Un hombre de 59 años de edad afirmó que “el haber sido objeto de burla cuando niño, hizo que se sintiera mal acerca de su cuerpo por muchos años”. Una mujer de 37 años, afirmó que “no importaba lo delgada que se volviera, ella siempre se sentiría como esa niña gorda, de quien todo el mundo se burlaba” (p.42) (Thompson et al)., 1999).
La frecuencia de estos comentarios negativos, con relación a la insatisfacción que sentimos hacia nuestro cuerpo, ha sido documentada por varios estudios replicándose los resultados. Tanto en chicas adolescentes de 10 a 15 años de edad, como en estudiantes universitarias y en mujeres adultas obesas se encontró que la frecuencia con que se recibían los comentarios negativos acerca de su apariencia y el efecto del mismo estaba asociado con altos niveles de insatisfacción corporal, alteraciones alimentarias, depresión y baja autoestima (Fabian y Thompson,1989).
Incluso es importante donde recibamos esos comentarios. Por lo regular el ser objetos de burla parece que suele ser más común en el hogar y en la escuela. Pero son las burlas provenientes del hogar las que más influyen en cómo pensamos que nos vemos. Si al ir creciendo recibimos constantes mensajes de nuestros padres y familiares acerca de que nuestro aspecto físico no es como debería ser o que estamos lejos de alcanzar lo que se considera bello, va a ser muy probable que al ser adultos no nos iremos a sentir muy a gusto con nuestro yo físico.<![endif]>
Los individuos que han sido obesos desde niños son los más propensos a ser afectados por las burlas, pues el tener una condición que no se puede ocultar, como el sobrepeso, hace que sean las victimas predilectas de aquellos que hacen comentarios desagradables.
Pero no solamente a los “gorditos” son el blanco de burlas o bromas. También es muy frecuente observar comentarios o burlas hacia aquellas personas que tienen algún defecto facial o estatura muy por arriba o debajo de lo normal.
Independientemente de cual sea la parte de nuestro cuerpo que sirva a los demás para su aparente diversión, es importante saber que esta situación es otra de las tantas maneras de interacción social.
En las burlas o bromas se combinan la agresión, el humor y la ambigüedad. Si cuando el comentario ocurre el mismo está basado en el humor o en un intento de agresión, el mismo se puede interpretar como una burla o ver todo como una buena broma. O por el contrario, si la interpretación es vista como maliciosa, entonces puede surgir un conflicto. Claro está, que la persona que emite el comentario puede intentar clarificar que el mismo fue malinterpretado, por lo que la validez de esta clarificación, determina el próximo paso en la interacción (Thompson et al. , 1999).
Otros investigadores en este tema ven la función de las burlas o bromas, como medio para establecer dominancia social. Debido a que los que hacen los comentarios negativos son frecuentemente descriptos como los más atrevidos, populares o bravucones del grupo, esto lleva a reflexionar que aquellos que son blanco de burlas o bromas pueden ser vistos generalmente como menos inteligentes e impopulares.
Esto promueve la conformidad, ya que el personaje dominante hace cumplir las reglas del grupo a través de estos comentarios, al individuo que no encaja en las normas (Thompson et al., 1999).
Aunque al parecer son muchos los factores que influyen sobre como nos influirán los comentarios negativos que hacen los demás acerca de nuestra apariencia física, lo más relevante es si hemos estado muy expuestos a los mismos. La imagen mental que tenemos de nuestro cuerpo es como un lienzo en el que se ira dibujando una hermosa imagen con el paso del tiempo y los trazos que definirán esa imagen están dirigidos por influencias externas como las expectativas de los demás.
Si no podemos controlar lo que dicen los demás acerca de nuestro cuerpo al menos tenemos la opción de manejar como nos influirán esos comentarios.
Lo siguientes consejos pueden resultar prácticos sobre todo para adolescentes que están ampliando su vida social:
- Si vemos que podemos ser blanco de burlas o bromas, una buena manera de lidiar con eso es reírnos de nosotros mismos haciendo la ocasión una experiencia graciosa y más relajante.
- Recordemos que aquel que molesta o nos agrede con sus comentarios también puede sentirse tan inadecuado como nosotros y que su conducta no es mas que un mecanismo de defensa.
- Si los comentarios son muy hirientes y agresivos, puede ser recomendable decirle a la persona que los hace, lo mal que nos hace sentir sus palabras y quizás descubriremos que su intención no es hacernos sentir de esa manera y pronto veremos que su conducta será corregida para nuestro beneficio.
- Dentro del hogar y la escuela debemos evitar usar adjetivos con el fin de humillar a los demás. En muchas ocasiones son los propios padres o maestros los que promueven estas conductas que luego no pueden frenar. Si los adultos dan pie para que los niños imiten sus acciones luego será muy difícil que cambien de parecer. NOTA: somos modelos.
- Siempre recalcar que lo que cuenta en cada ser humano es lo que lleva dentro de su corazón y no lo que se ve por fuera. Ya es hora de que nuestra sociedad aprenda que el ser agraciados físicamente no nos asegura la felicidad.
Quizás para muchos de nosotros no sea tan fácil pasar inadvertido un comentario desagradable. Pero de ser así pregúntese:
¿Será en serio lo que me dice esta persona?
¿Es tan importante lo que dice esta persona para mí?
¿Vale la pena enojarme o deprimirme por un comentario acerca de mi físico cuando ella o el ni siquiera me conoce?
¿Quién me lo dice no se sentirá tan inseguro (a) como yo, que de alguna manera tiene que proyectarlo?
Para finalizar es importante recordar el papel del autoestima. Si nos sentimos muy ofendidos por mínimo que sea el comentario o gesto seria recomendable consultar a un psicólogo que nos oriente sobre el tema.
Pero mientras aprendemos a lidiar con estos eventos cotidianos repítase esta frase todos los días: “Yo soy lo más importante”.
Tomado de http://www.saludpanama.com