Victor Hugo
02-jul-2004, 08:33
Cuba fue electa miembro de la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU hace unas semanas, pese a que Washington había pregonado su objetivo de evitarlo. Y pese a que para ello echó mano aun de los recursos más deshonestos. Y esto fue pocos días después de que allí mismo se había aprobado la moción contra este país hermano, que año con año promueve Estados Unidos, las últimas veces a trasmano, sirviéndose de algún prestanombres.
La reelección de Cuba fue así, en los hechos, un desmentido de ese voto anterior. Fue un desagravio a un país al que de modo injusto se había puesto en entredicho. Fue una cachetada al rostro de Bush.
No exageramos. Téngase en cuenta, primero, que la Comisión aprobó la anterior moción que censura a la Habana en una votación plagada de vicios. Muchos gobiernos vulnerables a las presiones económicas y de otros tipos votaron contra Cuba a sabiendas de que no había razones para hacerlo. Tuvieron que doblegarse ante los siniestros intereses de Washington. Por eso fue una resolución espuria que no refleja el verdadero criterio de los miembros de esa Comisión.
Téngase en cuenta también el significado de este segundo voto, de claro respaldo a Cuba. Los miembros de la Comisión de Derechos Humanos no elegirían como miembro de ésta a alguien cuya conducta al respecto estuviera en duda.
Por último, para valorar la importancia del hecho, tómese en cuenta el contexto en el que se dio. Estados Unidos está en guerra contra Cuba. No es una metáfora. Lo está desde hace cuatro décadas, sí, pero ahora lo nuevo es que se prepara para atacarla ya militarmente, como a Irak. Y para ese fin se esfuerza en preparar a la opinión pública.
Por eso fue el berrinche imperial. “Es un ultraje”, dijo el embajador de Bush. “Cuba es el peor violador de los derechos humanos de este hemisferio”, afirmó con cinismo precisamente quien representa a, ése si, el mayor violador de tales derecho en nuestros días.
Por eso precisamente, por ser el mayo violador, Estados Unidos fue excluido de esa Comisión en 2001 en votación secreta, mecanismo a salvo de las presiones y chantajes. Y por eso en 2002 fue reincluido sólo como fruto de una maniobra burda. Washington hizo que sus incondicionales, los gobiernos de Italia y España, reiteraran sus candidaturas. Así evitó la votación secreta y logró un pase automático. Lo anterior explica el berrinche de Washington, tan grande como justificado.
La reelección de Cuba fue así, en los hechos, un desmentido de ese voto anterior. Fue un desagravio a un país al que de modo injusto se había puesto en entredicho. Fue una cachetada al rostro de Bush.
No exageramos. Téngase en cuenta, primero, que la Comisión aprobó la anterior moción que censura a la Habana en una votación plagada de vicios. Muchos gobiernos vulnerables a las presiones económicas y de otros tipos votaron contra Cuba a sabiendas de que no había razones para hacerlo. Tuvieron que doblegarse ante los siniestros intereses de Washington. Por eso fue una resolución espuria que no refleja el verdadero criterio de los miembros de esa Comisión.
Téngase en cuenta también el significado de este segundo voto, de claro respaldo a Cuba. Los miembros de la Comisión de Derechos Humanos no elegirían como miembro de ésta a alguien cuya conducta al respecto estuviera en duda.
Por último, para valorar la importancia del hecho, tómese en cuenta el contexto en el que se dio. Estados Unidos está en guerra contra Cuba. No es una metáfora. Lo está desde hace cuatro décadas, sí, pero ahora lo nuevo es que se prepara para atacarla ya militarmente, como a Irak. Y para ese fin se esfuerza en preparar a la opinión pública.
Por eso fue el berrinche imperial. “Es un ultraje”, dijo el embajador de Bush. “Cuba es el peor violador de los derechos humanos de este hemisferio”, afirmó con cinismo precisamente quien representa a, ése si, el mayor violador de tales derecho en nuestros días.
Por eso precisamente, por ser el mayo violador, Estados Unidos fue excluido de esa Comisión en 2001 en votación secreta, mecanismo a salvo de las presiones y chantajes. Y por eso en 2002 fue reincluido sólo como fruto de una maniobra burda. Washington hizo que sus incondicionales, los gobiernos de Italia y España, reiteraran sus candidaturas. Así evitó la votación secreta y logró un pase automático. Lo anterior explica el berrinche de Washington, tan grande como justificado.