Eas
06-jul-2004, 11:32
Este es un ejemplo de comparar los medidores economicos en diferentes paises.. El calculo del PIB en USA no se puede hacer igual que en Europa.
Es como NO querer considerar que en Guatemala el porcentage de poblacion indigena es muy grande, y el indigena puede algunas veces vivir de una manera satisfactoria (para ellos), sin neceesidad de un salario fijo que reporte al fisco y que lo saque de la lista de desempleados. Un indigena ganadero vende verduras y mantiene una familia de 4 hijos y es feliz. Muchas veces prefiere esa vida MIL VECES A VIVIR EN LA CIUDAD TRABAJANDO 8 HRS DIARAS...
No quiero decir que en la poblacion indigena no hay pobreza ni problemas, pero es injusto comparar a guatemala con polonia, en donde la mayoria de las personas al menos termina secundaria.
aqui va el articulo del martes financiero:
¡Viva el modelo económico europeo!
El crecimiento de la productividad de Europa occidental es casi igual al de Estados Unidos
Bradford DeLong
Project Syndicate
http://www.j-bradford-delong.net/Graphics/gif_files/image25.gif
A principios de los años 90, funcionarios estadounidenses como yo que estábamos haciendo previsiones de largo plazo para la administración de Bill Clinton advertíamos que sería imprudente pronosticar una tasa de crecimiento promedio de más del 2.5% anual, y que el crecimiento real podría resultar aún menor.
En retrospectiva, fue una década durante la cual la economía de Estados Unidos creció a una tasa promedio anual de 3.4%
En efecto, Estados Unidos es actualmente 9% más rico de lo que nos habríamos atrevido a pronosticar hace una década, y ello a pesar de la desaceleración en el mercado laboral y, en consecuencia, de los mayores déficit de producción real frente a producción potencial en dos décadas.
En Estados Unidos, la “nueva economía” ha demostrado ser una realidad y todo indica que el crecimiento en la próxima década será todavía más rápido.
La aceleración del crecimiento económico de Estados Unidos a finales de los 90 nos planteó una incógnita a quienes mirábamos hacia Europa occidental a través del Atlántico: ¿dónde estaba la “nueva economía” europea? La podíamos detectar en Escandinavia y en unos cuantos enclaves dispersos, pero la fuerte huella de las tecnologías mejoradas de computación y comunicaciones sobre las tasas de crecimiento de la producción y la productividad en toda la economía parecían estar ausentes. Europa aparentemente se estaba rezagando cada vez más con respecto a Estados Unidos.
Sin embargo, hoy en día, si nos fijamos en las comparaciones transatlánticas, a Europa occidental parece que le va mucho mejor de lo que podría esperarse, juzgando con base en la prensa financiera de la última década.
Por ejemplo, la productividad por hora trabajada en Europa occidental está apenas un 10% por debajo de la de Estados Unidos.
El economista de la Universidad Northwestern, Robert Gordon, señala varios aspectos interesantes del PIB estadounidense que deberían hacer que los promotores del modelo estadounidense y los críticos de Europa fueran más moderados. Por ejemplo, los estadounidenses tienen que comprar automóviles porque el transporte público es muy malo. El valor de los automóviles se cuenta en el PIB de Estados Unidos, pero los sistemas de transporte público de Europa se contabilizan no por su valor para los pasajeros, sino como costo para los gobiernos.
De igual forma, los estadounidenses mantienen a dos millones de sus conciudadanos en la cárcel: el costo de construcción de los penales y los sueldos de los celadores también se incluyen en el PIB. El profesor Gordon subraya asimismo que a causa de su clima más extremoso —inviernos más fríos (menos en Florida y California) y veranos más cálidos (menos en Washington, Oregon y California)— Estados Unidos tiene que gastar más en calefacción y enfriamiento.
¿Cuál es el resultado neto de todos esos cálculos? Los europeos occidentales trabajan un 25% menos que los estadounidenses, y sin embargo tienen un nivel de bienestar social (incluyendo el clima) que es solo 15% menor, así como una distribución del ingreso más equitativa y menores niveles de pobreza. Desde esta perspectiva, los europeos occidentales tienen tantas bases como los estadounidenses para proclamarse como una “buena sociedad”.
Además, la brecha en la productividad de toda la actividad económica entre Estados Unidos y Europa occidental no parece ampliarse muy rápidamente, si es que lo está haciendo.
El crecimiento de la productividad de Europa occidental es casi igual al de Estados Unidos, lo que indica que la nueva economía está llegando al viejo continente, aunque más discretamente y sin tanto aspaviento como en Estados Unidos.
Por supuesto, todos los juicios favorables sobre el estado de la economía de Europa occidental deben tomarse con reservas. Por ejemplo, el desempleo es 50% mayor que en Estados Unidos. La participación en el mercado laboral es menor y buena parte de esa participación menor no se debe a falta de opciones, sino al desánimo de los trabajadores y a instituciones que dificultan el que todos los adultos de un hogar trabajen.
Además, las cifras de productividad del trabajo en Europa están infladas por el hecho de que es difícil que los trabajadores potenciales que serían menos productivos tengan trabajo. Sobre todo esto se cierne la inminente crisis demográfica del estado de seguridad social de Europa occidental a medida que su población envejece.
Pero, ¿qué país o región no tiene serias preocupaciones económicas y profundos problemas estructurales?
A finales de los 90, Estados Unidos tuvo momentos asombrosamente largos de buena suerte económica, apoyados por muy buenas instituciones y políticas económicas bastante acertadas.
Hacia el 2000, los burócratas europeos de alto rango comenzaron a temer las reuniones internacionales ya que eran ocasiones propicias para que los estadounidenses los sermonearan en cuanto a que Europa debía ser más como Estados Unidos. Así, es importante señalar el poco terreno que Estados Unidos le ha ganado a Europa en la última década tomando como medida el bienestar social. El aprendizaje debe ir en ambos sentidos.
J. Bradford DeLong es profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley y fue secretario del Tesoro adjunto durante la administración Clinton.
Es como NO querer considerar que en Guatemala el porcentage de poblacion indigena es muy grande, y el indigena puede algunas veces vivir de una manera satisfactoria (para ellos), sin neceesidad de un salario fijo que reporte al fisco y que lo saque de la lista de desempleados. Un indigena ganadero vende verduras y mantiene una familia de 4 hijos y es feliz. Muchas veces prefiere esa vida MIL VECES A VIVIR EN LA CIUDAD TRABAJANDO 8 HRS DIARAS...
No quiero decir que en la poblacion indigena no hay pobreza ni problemas, pero es injusto comparar a guatemala con polonia, en donde la mayoria de las personas al menos termina secundaria.
aqui va el articulo del martes financiero:
¡Viva el modelo económico europeo!
El crecimiento de la productividad de Europa occidental es casi igual al de Estados Unidos
Bradford DeLong
Project Syndicate
http://www.j-bradford-delong.net/Graphics/gif_files/image25.gif
A principios de los años 90, funcionarios estadounidenses como yo que estábamos haciendo previsiones de largo plazo para la administración de Bill Clinton advertíamos que sería imprudente pronosticar una tasa de crecimiento promedio de más del 2.5% anual, y que el crecimiento real podría resultar aún menor.
En retrospectiva, fue una década durante la cual la economía de Estados Unidos creció a una tasa promedio anual de 3.4%
En efecto, Estados Unidos es actualmente 9% más rico de lo que nos habríamos atrevido a pronosticar hace una década, y ello a pesar de la desaceleración en el mercado laboral y, en consecuencia, de los mayores déficit de producción real frente a producción potencial en dos décadas.
En Estados Unidos, la “nueva economía” ha demostrado ser una realidad y todo indica que el crecimiento en la próxima década será todavía más rápido.
La aceleración del crecimiento económico de Estados Unidos a finales de los 90 nos planteó una incógnita a quienes mirábamos hacia Europa occidental a través del Atlántico: ¿dónde estaba la “nueva economía” europea? La podíamos detectar en Escandinavia y en unos cuantos enclaves dispersos, pero la fuerte huella de las tecnologías mejoradas de computación y comunicaciones sobre las tasas de crecimiento de la producción y la productividad en toda la economía parecían estar ausentes. Europa aparentemente se estaba rezagando cada vez más con respecto a Estados Unidos.
Sin embargo, hoy en día, si nos fijamos en las comparaciones transatlánticas, a Europa occidental parece que le va mucho mejor de lo que podría esperarse, juzgando con base en la prensa financiera de la última década.
Por ejemplo, la productividad por hora trabajada en Europa occidental está apenas un 10% por debajo de la de Estados Unidos.
El economista de la Universidad Northwestern, Robert Gordon, señala varios aspectos interesantes del PIB estadounidense que deberían hacer que los promotores del modelo estadounidense y los críticos de Europa fueran más moderados. Por ejemplo, los estadounidenses tienen que comprar automóviles porque el transporte público es muy malo. El valor de los automóviles se cuenta en el PIB de Estados Unidos, pero los sistemas de transporte público de Europa se contabilizan no por su valor para los pasajeros, sino como costo para los gobiernos.
De igual forma, los estadounidenses mantienen a dos millones de sus conciudadanos en la cárcel: el costo de construcción de los penales y los sueldos de los celadores también se incluyen en el PIB. El profesor Gordon subraya asimismo que a causa de su clima más extremoso —inviernos más fríos (menos en Florida y California) y veranos más cálidos (menos en Washington, Oregon y California)— Estados Unidos tiene que gastar más en calefacción y enfriamiento.
¿Cuál es el resultado neto de todos esos cálculos? Los europeos occidentales trabajan un 25% menos que los estadounidenses, y sin embargo tienen un nivel de bienestar social (incluyendo el clima) que es solo 15% menor, así como una distribución del ingreso más equitativa y menores niveles de pobreza. Desde esta perspectiva, los europeos occidentales tienen tantas bases como los estadounidenses para proclamarse como una “buena sociedad”.
Además, la brecha en la productividad de toda la actividad económica entre Estados Unidos y Europa occidental no parece ampliarse muy rápidamente, si es que lo está haciendo.
El crecimiento de la productividad de Europa occidental es casi igual al de Estados Unidos, lo que indica que la nueva economía está llegando al viejo continente, aunque más discretamente y sin tanto aspaviento como en Estados Unidos.
Por supuesto, todos los juicios favorables sobre el estado de la economía de Europa occidental deben tomarse con reservas. Por ejemplo, el desempleo es 50% mayor que en Estados Unidos. La participación en el mercado laboral es menor y buena parte de esa participación menor no se debe a falta de opciones, sino al desánimo de los trabajadores y a instituciones que dificultan el que todos los adultos de un hogar trabajen.
Además, las cifras de productividad del trabajo en Europa están infladas por el hecho de que es difícil que los trabajadores potenciales que serían menos productivos tengan trabajo. Sobre todo esto se cierne la inminente crisis demográfica del estado de seguridad social de Europa occidental a medida que su población envejece.
Pero, ¿qué país o región no tiene serias preocupaciones económicas y profundos problemas estructurales?
A finales de los 90, Estados Unidos tuvo momentos asombrosamente largos de buena suerte económica, apoyados por muy buenas instituciones y políticas económicas bastante acertadas.
Hacia el 2000, los burócratas europeos de alto rango comenzaron a temer las reuniones internacionales ya que eran ocasiones propicias para que los estadounidenses los sermonearan en cuanto a que Europa debía ser más como Estados Unidos. Así, es importante señalar el poco terreno que Estados Unidos le ha ganado a Europa en la última década tomando como medida el bienestar social. El aprendizaje debe ir en ambos sentidos.
J. Bradford DeLong es profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley y fue secretario del Tesoro adjunto durante la administración Clinton.