1000-toneladas
19-jul-2005, 09:45
(AP) Una congregación católica que hace esfuerzos por rescatar a jóvenes de las pandillas inauguró el martes una clínica para remover gratuitamente tatuajes permanentes, mediante un procedimiento que usa rayos infrarrojos.
El sacerdote estadounidense David La Buda, de la Congregación Maryknoll, comenzó ese proyecto en Honduras en el 2000 y ahora lo trajo a Panamá.
Dijo que desde entonces en ese país han removido tatuajes a aproximadamente 8.000 personas, la mayoría varones.
En Panamá el proyecto es impulsado por el sacerdote Juan Cabrera, que trabaja en un programa para rescatar a jóvenes de las pandillas.
"Muchos me decían que no podían encontrar trabajos, que los tatuajes los discriminan", dijo Cabrera que conocía del proyecto en Honduras y se puso en contacto con La Buda.
En su apertura, la clínica recibió a unas 30 personas en su mayoría varones quienes recibieron información sobre el procedimiento, que toma al menos 33 días, dependiendo del tamaño y la cantidad de tatuajes.
El proceso implica al menos dos sesiones de exposición a los rayos infrarrojos. Pero hay casos en que la remoción tarda meses y hasta años, explicó La Buda.
"Vengo dispuesto a quitármelos", dijo un joven de 21 años que se identificó como "Chongo". Tiene dibujado con tinta china una calavera en el brazo izquierdo, y en el derecho un perro. Y un dibujo de un león le cubre más de la mitad de la espalda.
"Me hice los tatuajes por moda, no porque perteneciera a una banda, o porque ellos representen algo", dijo el joven mientras hacía la fila para ir a un pequeño salón en el que se le aplicaría la anestesia, el primer paso.
Luego sería sometido a los rayos infrarrojos, se le aplicaría antibióticos y se le vendaría la piel tratada. "Chongo" tendrá que regresar periódicamente para una revisión, cambiar antibióticos por cortisona y repetir el proceso de exposición a rayos infrarrojos, las veces que se requiera.
"Chongo" dijo que se hizo el primer tatuaje cuando tenía 15 años. "Ahora me siento rechazado. Si a uno le ven los tatuajes lo miran mal, tampoco le quieren dar trabajo", manifestó. El joven que estudia un bachillerato en comercio en una escuela nocturna y trabaja esporádicamente como obrero de la construcción.
La Buda dijo que el proyecto también se realiza en Guatemala y El Salvador.
El problema de las pandillas no es tan dramático como en los demás países centroamericanos. Muchos de los grupos se han desintegrado en los últimos años ante la promesa de las autoridades de que les proveerá de empleos.
El sacerdote estadounidense David La Buda, de la Congregación Maryknoll, comenzó ese proyecto en Honduras en el 2000 y ahora lo trajo a Panamá.
Dijo que desde entonces en ese país han removido tatuajes a aproximadamente 8.000 personas, la mayoría varones.
En Panamá el proyecto es impulsado por el sacerdote Juan Cabrera, que trabaja en un programa para rescatar a jóvenes de las pandillas.
"Muchos me decían que no podían encontrar trabajos, que los tatuajes los discriminan", dijo Cabrera que conocía del proyecto en Honduras y se puso en contacto con La Buda.
En su apertura, la clínica recibió a unas 30 personas en su mayoría varones quienes recibieron información sobre el procedimiento, que toma al menos 33 días, dependiendo del tamaño y la cantidad de tatuajes.
El proceso implica al menos dos sesiones de exposición a los rayos infrarrojos. Pero hay casos en que la remoción tarda meses y hasta años, explicó La Buda.
"Vengo dispuesto a quitármelos", dijo un joven de 21 años que se identificó como "Chongo". Tiene dibujado con tinta china una calavera en el brazo izquierdo, y en el derecho un perro. Y un dibujo de un león le cubre más de la mitad de la espalda.
"Me hice los tatuajes por moda, no porque perteneciera a una banda, o porque ellos representen algo", dijo el joven mientras hacía la fila para ir a un pequeño salón en el que se le aplicaría la anestesia, el primer paso.
Luego sería sometido a los rayos infrarrojos, se le aplicaría antibióticos y se le vendaría la piel tratada. "Chongo" tendrá que regresar periódicamente para una revisión, cambiar antibióticos por cortisona y repetir el proceso de exposición a rayos infrarrojos, las veces que se requiera.
"Chongo" dijo que se hizo el primer tatuaje cuando tenía 15 años. "Ahora me siento rechazado. Si a uno le ven los tatuajes lo miran mal, tampoco le quieren dar trabajo", manifestó. El joven que estudia un bachillerato en comercio en una escuela nocturna y trabaja esporádicamente como obrero de la construcción.
La Buda dijo que el proyecto también se realiza en Guatemala y El Salvador.
El problema de las pandillas no es tan dramático como en los demás países centroamericanos. Muchos de los grupos se han desintegrado en los últimos años ante la promesa de las autoridades de que les proveerá de empleos.