PDA

Ver la Versión Completa : Cinderella Man (El Luchador)



Jango Fett
09/09/2005, 11:50
La época de los años ‘20 fue un tiempo dorado para los Estados Unidos, cuando la nación celebraba la paz y el despertar de la prosperidad al término de la Primera Guerra Mundial. Esa era también una época de oro para el boxeo, un deporte brutal pero artístico que capturaba la imaginación popular con sus crudas luchas primitivas en busca de la trascendencia arriba del ring.

En la sociedad cosmopolita de comienzos del siglo XX, grupos dispares de inmigrantes se enorgullecían de sus hijos, nacidos en suelo americano, que boxeaban: comunidades con fuertes raíces en el Viejo Mundo encontraban un punto, un espacio para manifestar su herencia cada vez que un boxeador que portaba los colores patrios se subía al ring.

Fue durante esta época cuando James J. Braddock, un boxeador amateur de New Jersey conocido por su derecha implacable, se hizo profesional. Como muchos chicos de la clase obrera, Braddock veía al boxeo como su pasaje hacia una vida decente. Era la única actividad en la que podía destacarse… y por un tiempo fue verdaderamente bueno.

Los primeros años de su carrera, cuando lo llamaban “el bulldog de Bergen”, eran realmente promisorios gracias a su inefable tenacidad que parecía guiarlo en peleas con oponentes mucho más grandes que él. Pero, luego de un irreparable daño sufrido en su mano derecha, que se quebró malamente, su carrera comenzó a declinar. En 1929, sufrió una derrota impresionante a manos del campeón medio pesado Tommy Loughran, que lo venció en una lucha sobrecogedora de 15 rounds, para desencadenar una serie de mala suerte y fracasos que parecería interminable.

Lo mismo pasaba con el país. Ese año, la Bolsa de Valores quebró, destruyendo un cuarenta por ciento de los valores. Mientras el desastre se desparramaba, las familias norteamericanas de todas las clases económicas perdían sus ahorros, sus negocios, sus casas y sus granjas. Para 1932, cerca de uno de cada cuatro estadounidenses no tenía trabajo.

La nación se tambaleaba en la incertidumbre, mientras multitudes de familias otrora trabajadoras empezaban a aparecer por los refugios del Ejército de Salvación. Colas para pedir comida, colas para pedir trabajo y colas para pedir ayuda estatal –algo que muchos norteamericanos nunca pensaron que podrían ver en su propio país– se volvieron parte del paisaje.

Los más pobres entre los pobres fueron obligados a vivir en “Hoovervilles”, villas miseria con casillas de cartón que surgían en los bordes de la mayoría de las grandes ciudades (llamadas así con cierta ironía en honor de Herbert Hoover, Presidente de los Estados Unidos que, antes de perder las elecciones de 1932 frente a Franklin Delano Roosevelt, no logró llevar adelante ninguno de los planes federales de ayuda para familias carenciadas). Las tasas de suicidio entre los hombres que habían perdido su trabajo, obviamente, se dispararon.


Como tantos banqueros, carniceros, granjeros y obreros, Jim Braddock empezó a ver que su vida se deshacía. Cuando la comisión local de boxeo lo obligó a retirarse al revocar su licencia, Braddock buscó valientemente algún trabajo que estuviera disponible… pero no había muchos. Se puso a hacer trabajos duros en los astilleros, cargó bolsas, lo que fuera. Pero ganaba tan poco dinero que, en un determinado momento, se vio obligado a alimentar a su familia –de cinco integrantes– con solo U$S24 por mes. Parecía que era una batalla perdida. Cuando la familia ya no podía pagar lo elemental –la leche, el gas, la electricidad– Braddock pidió ayuda estatal. Ese era un terrible golpe para su orgullo, una vergüenza secreta que muchos, como él, que habían trabajado siempre para mantener a sus familias, estaban experimentando a lo largo y lo ancho del país.

Pero entonces en 1934, justo cuando el New Deal de Roosevelt empezaba a adaptarse, la suerte de Braddock también empezaba a cambiar. Inesperadamente, le dieron la oportunidad de pelear con John “Corn” Griffin en una pelea que, sin dudas, tenía a Braddock como perdedor seguro. Pero él se las arregló para moverse en el ring y pegar hasta ganar la pelea de una manera increíble –gracias, en parte, a una izquierda que se había fortalecido en sus épocas del puerto. Muy pronto, como para probar que no se trataba de una casualidad, ganó un combate de diez rounds contra el famoso medio pesado John Henry Lewis. Entonces se enfrentó a Art Lasky, quien había ganado todas menos una de sus últimas quince peleas –y Braddock lo despachó en quince rounds.

Con estos triunfos destacados, el espíritu de Braddock pareció renovarse. Una de las primeras cosas que hizo con sus ganancias fue, sorprendentemente, pagar sus deudas de ayuda estatal al gobierno. Ese desinteresado acto de honor le valió un nuevo apodo entre sus seguidores cada vez más numerosos: “el caballero Jim”. De pronto, con una fama que cada día se extendía más y más fuera del mundo del boxeo, se encontró en una posición insólita para pelear el título contra el campeón de los pesos-pesados Max Baer.


Podría parecer que cualquier boxeador habría saltado sobre esa oportunidad, pero Braddock tenía muchas razones para no pelear. De hecho, muchos le advertían que hasta podía perder la vida. Braddock era mucho más pequeño que Baer, tenía mucha menos experiencia y debía confiar en la capacidad de su gancho de izquierda recién estrenado, en contra de su derecha lastimada. Por otro lado, Baer acababa de recibir cargos de homicidio porque uno de sus oponentes había caído muerto como producto de su trompada eléctrica. Aunque después lo relevaron de esos cargos, no había dudas de que, cuando se enojaba, Baer era uno de los peleadores más peligrosos del medio. (Baer también había sometido a su oponente Ernie Schaaf a una trompada de knockout en el décimo round de su pelea de 1932 y lo había dejado inconsciente.

En 1934, el mismo año en que Jim Braddock peleó con Corn Griffin, venció a Primo Carnera, noqueándolo once veces en once rounds.

A pesar de las protestas de los críticos porque la pelea Braddock-Baer sería un combate injusto y de las quejas de su esposa Mae porque ella podría llegar a perder a su marido en un match de boxeo, Braddock perseveró y se sometió a uno de los entrenamientos más severos que haya tenido jamás un boxeador. La preparación de la pelea solo acrecentaba la tensión, con un Max Baer que predecía públicamente una derrota fácil y que se burlaba de Braddock llamándolo “vagabundo”—un insulto que lógicamente Braddock no podía dejar pasar sin responder.

Al final, la pelea Braddock-Baer tuvo lugar el 13 de junio de 1935, delante de una multitud de 35.000 aficionados en el Madison Square Garden. Otros millones se arracimaban alrededor de sus radios para escuchar al comentarista que anunciaba golpe tras golpe. Baer se mantenía fuerte en los primeros rounds, pero Braddock siguió sin inmutarse, envalentonado por pelear en pro de la supervivencia de su familia. Cada vez que uno de los dos dominaba el round, el oponente se recuperaba invariablemente. Este combate sin par se extendió a lo largo de quince rounds interminables. Braddock, poseído por un espíritu triunfante y golpeando con una resistencia increíble, se mantuvo en pie los quince rounds… y ganó la pelea por decisión unánime.
Inmediatamente, fue proclamado la mayor revelación de la historia del boxeo… si no de todos los deportes. En los bares y los hogares de todo el país, la gente común celebraba el triunfo de Braddock como si fuera un miembro de su propia familia. La pelea parecía recordarle a ese mundo desesperado que, a veces, los indigentes no solo se las arreglan para sobrevivir sino que también se convierten en los seres más grandes sobre la tierra. El escritor de deportes Damon Runyon le puso a Braddock un sobrenombre que le venía de perillas, “Cinderella Man” ”Hombre Cenicienta", porque su historia del que sube desde lo más profundo del pozo se parecía tanto a un cuento de hadas.

Braddock siguió peleando y perdió el título de peso pesado frente a Joe Louis en 1937, en un combate de ocho rounds que terminó en knockout (Louis tenía por entonces 23 años mientras Braddock era un viejo, comparativamente, de 32— y Louis diría tiempo después que Braddock fue uno de los luchadores de más coraje que él había enfrentado).

Siguió luchando en contra de los pronósticos, venciendo al talentoso Tommy Farr en 1938, lo que lo puso nuevamente en posición de pelear por el título. Pero, en lugar de hacerlo, se retiró y les dijo a los periodistas que no lo hacía porque estaba cansado de pelear sino por su esposa y por su familia.

La gran historia de James Braddock es llevada a la pantalla en el film "Cinderella Man" (El Luchador) una historia de coraje y entrega, protagonizada por Russell Crowe (Ganador del Oscar por "Gladiador" quien tambien ha participado en cintas como "Una Mente Brillante", "Master and Commander", "LA Confidential" y "The Insider" entre otras), Renee Zellweger (ganadora del Oscar por "Cold Mountain" y conocida actriz que se dio a conocer por el film "Jerry Maguire" y tambien en cintas como "Bridget Jones Diary" y "Down with Love") y Paul Giamatti (Sideways, American Splendor, Planet of the Apes) completan parte del elenco dirigido por Ron Howard galardonado director de las cintas "A Beautiful Mind", "Apollo 13" y "Backdraft", entre otras. (el proximo trabajo de Howard sera la cinta basada en el controversial libro "El Codigo DaVinci")

Por tanto esta es una cinta de gran calidad que tiene la palabra "Oscar de la Academia" escrita en toda la pelicula. Si gusta del cine de primerisima calidad no se puede perder este gran estreno.

Pueden conocer más de la película en su sitio oficial:

http://www.cinderellamanmovie.com/index.php

Grillo
09/09/2005, 15:05
Esta Pelicula Esta Buenisima... !

Alessandro
14/09/2005, 07:46
Muy buena, la recomiendo.

Es emotiva, trata sobre el espiritu humano que no se rinde ante la adversidad. El apoyo de la familia y las relaciones interpersonales.