¿que hace Slim en Panamá?

“Panamá es el mejor país del mundo para hacer negocios”.


EL FACTOR FELIPE.

No habían pasado diez días desde su llegada al poder, en septiembre de 2004, cuando Martín Torrijos recibió una visita especial. El flamante Team Martín acogió al ex mandatario español Felipe González en el Palacio de las Garzas. González, criticado en España por convertirse en lobbysta de empresarios iberoamericanos luego de abandonar la política, fue un viejo amigo de Omar Torrijos, al que su hijo Martín escucha con atención. No venía solo. Lo acompañaba Carlos Slim. La reunión fue más que cordial, Torrijos tenía el mundo por delante. Desde entonces, las visitas de Slim no pararon.En noviembre de ese mismo año, el mexicano visitó la casa de gobierno como parte de la comitiva del presidente Vicente Fox. Cuatro meses después, en marzo del 2005, fue el expositor principal de EXPOCOMER.

Con cada viaje las relaciones se volvieron más íntimas. Ubaldino Real, entonces ministro de la Presidencia, era uno de sus interlocutores preferidos. Al poco tiempo González volvió a la escena. Siempre tendiendo puentes, acompañó a Slim dos veces más a Panamá. El 13 de mayo del 2005 hicieron escala en Tocumen y el presidente se hizo un lugar en la agenda para llegar al aeropuerto y entrevistarse con ellos. En otro viaje, González y Slim visitaron el Palacio de Las Garzas por sorpresa. Pasaban por acá y llegaron. Fue el 30 de junio. Torrijos estaba con Julio Lagos, presidente de Chile en visita oficial.

Los recibieron sin pensarlo dos veces. Recién entonces los medios comenzaron a hacer preguntas sobre la relación del gobierno con el magnate mexicano. En esos días, Panamá discutía el proyecto de ampliación del Canal, del que Slim es hoy contratista. El canciller Samuel Lewis Navarro salió a hablar sobre el tema: “iban en ruta a Suramérica y tuvimos la oportunidad de que se generara una feliz coincidencia con la visita del presidente Lagos.

Siempre hay que aprovechar las experiencias de gente como ellos, que son señores que sobresalen en el mundo, para aprovechar y pedirles no solamente consejos, sino intercambiar opiniones”.

La muerte del Papa también trajo la relación de Torrijos con Slim a las páginas de los diarios. Como estaban agotados los vuelos a Roma, Torrijos viajó al funeral en un avión que le cedió el mexicano. Para la inauguración del Museo del Tucán, también fue presentada una exposición sobre Rodin, cedida gentilmente por Slim.Un año después del funeral del Papa, los dos amigos volvieron a encontrarse. Fue en la Universidad Texas A&M, en Estados Unidos.

Torrijos viajó para ser orador de la graduación. Lo acompañaba Ubaldino Real, con el que recordó viejos tiempos. Ambos se habían graduado allí. Slim estaba entre los invitados, compartiendo mesa con el venezolano Gustavo Cisneros. Torrijos cenó con George Bush padre. Eran los días de apogeo del ahora presidente saliente, administrando el país con mayor crecimiento de América Latina. Slim siguió viniendo al istmo para ser custodiado por el SPI de forma irregular. Tiempo después llegó la catarata de negocios. Y con ellos, los problemas.

HACER LA LUZ.

Luego de la invasión, el futuro de Panamá pareció quedar a oscuras. Y no es una metáfora. La falta de capacidad para generar la energía que necesitaba el país obligó a tomar decisiones urgentes. Hacían falta inversiones para desarrollar la capacidad hidroeléctrica y latente de los ríos del interior. Los apuros económicos hacían inviable la financiación por parte del Estado. Tanto Guillermo Endara como Ernesto Pérez Balladares entregaron concesiones a empresas privadas para que llevaran adelante las obras.Así fue como César Lisac consiguió los permisos para llevar adelante tres hidroeléctricas: una chiquita en Volcán y dos más grandes en el río Chiriquí viejo, Bajo Mina y Baitún. Su empresa tenía una larga trayectoria en el rubro. Lisac había sido contratista y consultor en algunas de las obras más grandes efectuadas en Panamá, cuando las mega obras las encaraba el Estado: las hidroeléctricas Estrella Los Valles, Bayano y Fortuna. Su empresa era vanguardia en Panamá y por eso, dice Lisac, cuando se abrió el juego, recibieron las resoluciones que les permitían explorar las zonas.“Para mí era una aventura. En esos días, el negocio generaba una ganancia muy marginal y era muy complicado conseguir la financiación. Piensa una cosa: el barril de petróleo estaba a 8 dólares. Era más barato comprar crudo que producir energía. Ahora que el barril cuesta 50 es que viene Carlos Slim”, dice el hombre, de 77 años, en su oficina de Vía Argentina. “Esta edad tiene una ventaja: no tengo nada que perder. Puedo pelear contra la corrupción”.La empresa de Lisac le dio prioridad a la construcción del proyecto más pequeño, el de Volcán. Cuando tenían todo listo para comenzar a construir, vendieron la empresa. Necesitaban incorporar recursos, pensando en los proyectos del Río Chiriquí que eran los más ambiciosos. Fueron largos años de trabajo que hacia 2005 parecían llegar a buen puerto.Bajo de Mina, que produciría 54 Mw, estaba en su etapa final de planeamiento con todos los estudios y permisos aprobados: el de factibilidad, el de impacto ambiental y el de uso de aguas.

Tenían el contrato de construcción ya firmado con la compañía española ISOLUX-CORSAN. Estaban en la última fase de la financiación, con el ‘due dilligence’ en marcha, algo así como la última instancia antes de que los bancos suelten el dinero. Firmaron con la ASEP el Contrato de Concesión de Generación de Energía, que los obligaba a comenzar las obras en los 12 meses siguientes. Y cuando venía lo mejor, llegó la guerra.

(continúa)